Arbore da Veira

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Me gusta escribir opiniones sinceras. Creo que es bueno en un restaurante no rendirse a la complacencia de los buenos momentos de los clientes. A veces esas críticas facilonas y excesivamente dulces llevan a los restaurantes, sobre todo los creativos, a entregarse con facilidad a platos de escaparate que no saben a nada.

Es necesario dar una opinión sincera y basada en la experiencia, pero también en la lógica del momento, la comida que se valora, que es al fin y a la postre el objeto de la crítica.

El Arbore da Veira que debe su nombre, me da a mi, al apellido del cocinero, es un local de fachada discreta en el centro de A Coruña y tras una puerta renqueante, deja paso a un diseño simple, pero acogedor. Está dividido en dos partes, la entrada, jalonada por unos sillones donde después puedes tomar el café e imagino que antes, un aperitivo, da paso a una zona de mesas, que aunque guardan la separación adecuada, en la comida se nota un poco bulliciosa.

En Sala tienen detalles como proporcionarte un par de artilugios para pies y enseres (móviles, bolsos, etc,…) con el claro ánimo de dejar la mesa expedita, para lo que es, la comida.

El servicio de la sala, la verdad, no está a la altura! esto deberían revisarlo, al margen de comentarios de mis acompañantes, como que los camareros visten como para una boda o el innegable fallo de proponerte la prueba del vino después de un delicioso aperitivo con sabor a ajo y sin haber traído el pan, lo importante de verdad, es apoyar el gran trabajo de la cocina con más amabilidad y atención hacia sus clientes.No basta con preguntar por las alergias cuarenta veces o sobre la resistencia a probar algunos sabores, hay que ir más allá, no solo se viene a probar alimentos, se viene a comer.

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La comida, es pues el gran momento, y en este sentido el restaurante no falla. Dos menús, uno largo (70 € | 3 horas) y otro corto (55 € | 2 horas) y una carta de vinos con unos precios adecuados. Me gustan los restaurantes que mantienen el precio del vino en su sitio. La carta, bonita y con una maravillosa frase de Willy Wonka “Todo lo que hay en esta sala es comestible. Hasta yo lo soy. Pero eso sería canibalismo, mis niños, y está mal visto en la mayoría de las sociedades”  hacen fácil el comienzo.

Primero unos aperitivos, muy interesantes, quizá más que algunos platos principales, en particular un bocadito exquisito como un taco (mejicano) de tomate (la masa del taco con sabor a tomate). Un camarón tomando el sol acompañado de un pionono de cordero, es un plato muy interesante que un aceptable toque de ajo resulta sorprenderte y muy agradable. Una especie de canelones con un sabor mixto de mar y queso, muy sabroso y unas mini milhojas (muy socorrido en todos estos restaurantes) que lo acompañan estupendamente. No dejaré de mencionar una delicatessen que aunque está muy presente en muchas cartas de este estilo (he de decir que un par de platos, de esos habituales en este tipo de menús, aquí se han resuelto brillantemente) resultó deliciosa, un tomate (el segundo tomate del menú)  del tamaño de una pelota de golf, pelado, relleno de un helado de tomate y con una salsa, de no sé qué, estaba buenísimo con una mezcla de aroma y sabores sobre el mismo tema, el Tomate. Nunca pensé que se podría sacar tantos sabores de un solo vegetal.

La presentación de los platos, sin ser extravagante, resultaba muy moderna y estética.

Caminando ya con los platos principales, destacaron una cereza estupenda de foie con un precioso aire a picota y relleno de mermelada de cerezas, deliciosa, realmente deliciosa. Un curioso p0172f02def40bbac58169af00329062fc6cb8c2e75an  medio hecho con una salsa de pollo casero, provocó división de opiniones en la mesa, pero bien por el recuerdo a la cocina tradicional con aires modernos. La xarda de siempre (en este caso una sardina) pero muy bien cocinada, con aires gallegos, en su punto. Un pulpo con trufa, y un montón de cosas más, que  me pareció gratuito y facilón, para mi un poco fuera de contexto y un poco el alarde al “todo vale” de algunas cocinas modernas, a Sergio le gustó, pero en fin! yo creo que un pulpo da más de sí y requiere menos artilugios para una mesa como esta.  Describir todos los platos es un poco aburrido, pero yo creo que el maravilloso acierto de esta carta estuvo, no solo en una buena estructura y un tamaño muy adecuado (es de agradecer el gran esfuerzo de la cocina para dar tanto) sino en un gran plato, una gran interpretación de dos platos de la cocina gallega, la anguila y la merluza, puestos en un solo plato, un maravilloso suquet de anguila, acompañando estupendamente a un merluza cocinada a 63º (supongo que no  debe ser para tanto; lo de los grados, digo!) que me pareció sublime.

Los postres bien, frescos y correctos, no nos llevarán a la gloria, pero ayudaron a cerrar una buena y generosa experiencia, donde el vino, un pétalos del bierzo, se quedó corto para tan estupenda experiencia.

Gracias.

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