¡La empanadilla, qué maravilla!

En general nos acomodamos a un producto que nos acompaña muy a menudo en nuestra vida cotidiana y nos olvidamos de cómo cambian cuando los elaboramos nosotros. Así que hoy os propongo pasar del bar a la cocina de casa. Este tipo de platos, para mi pertenecen a la cocina de aprovechamiento, algo tan poco habitual hoy en día como sustancial hace años, y que consiste en convertir los restos de comida, de alimentos o de recetas fallidas en un nuevo plato rico y sabroso.

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Hay empanadillas allá por donde vayas, pero desde luego abundan en los lugares del planeta donde hay una rica gastronomía y donde reutilizar es una norma de buena convivencia, quien no recuerda aquella frase: “niño! comete esto que allá en África no tienen que comer”. Pues bien, yo os animo a hacer de vez en cuando empanadillas, de algo que os sobró en casa o de los que os dé la gana, que se yo, una lata de atún, una de sardinas, media hamburguesa, unas setas que cogisteis en el campo, …… Hoy veremos cómo es la estructura de ese plato y lo rápido que vais a aprender a empanadillear.

Pero hoy no haremos la masa, da algo de trabajo y se venden en los super por poco dinero y con muy buenos resultados.

La empanadilla se compone de relleno y masa. Fácil, no! Pues ese es el truco importante, la masa de harina y agua, aunque hacerla es fácil, la venden el super. Existen muchos tipos de masa para hacer empanadillas, con más o menos huevo, con especias, diversos tipos de harina, etc.,… pero nosotros hoy usaremos una normal de supermercado de harina blanca y punto.

 

EL RELLENO

Y el relleno, he aquí el quid de la cuestión. Este es el punto donde os quiero ver, compañer@s , no os pongáis límites, si el preparado que imagináis o el que os ha gustado tanto en un plato (por ejemplo, un pollo al chilindrón, que sobró y que vamos a mezclar con la salsa que quedó tan rica) os tienta, pues adelante y sino una carne picada, un atún picadito, unos vegetales, etc.,…

Los rellenos pueden ser más o menos líquidos, pero debemos saber que si la masa es fina y no está cocinada, el exceso de líquido será un problema, por ello o bien le echamos una gelatina de origen vegetal  como agar-agar (algas) o una de esas hojas de gelatina que se disuelven en agua fría y luego se mezclan con el relleno, ya que si dejamos enfriar el relleno se solidificará y podremos hacer la empanadilla tan ricamente, nunca mejor dicho 😉.

Yo recomiendo dejaros de complicaciones, que pueden ser muchas y empezar por un patrón muy simple, voy con un ejemplo de unas empandillas que hice en mi casa con los restos de unas hamburguesas que había en la nevera y unas setas que me traje del campo.

Empanadillas de setas con hamburguesa.

Ingredientes

  • 500 gr de carne picada o de unos restos de carne picada para hacer hamburguesas (es decir, con unos pepinillos, un poco de pimiento frito, alcaparras, huevo y condimentos)
  • 120 gr de setas, lepiotas, champiñones, …buff! Cualquiera.
  • Si usáis una carne sin condimentar, buscad por ahí sal, pimienta, algo de soja, un poco de especias (yo escogería alguna especia árabe o india, como curry, Ras el Hanut, pimentón o cualquier otra que le vaya bien a vuestra mezcla)
  • Una cebolla picada fina. No muy grande. Lo importante siempre es encontrar el punto de equilibrio entre el componente importante y sus acompañantes.
  • 12 obleas para empanadillas de unos 12 cm de diámetro.
  • Un poco de vino blanco o no! Son manías mías, pero una reducción de vino siempre le aporta acidez y sabor a las carnes como estas y ayuda a ligar los sabores.

Pues ahora viene lo fácil, cogemos una sartén y salteamos una cebolla a fuego suave y cortada en juliana, cuando toma un poco de color añadimos la carne picada o los restos de comida que queremos aprovechar, cuando se mezcle un poco (un par de minutos) le echamos medio vaso de vino blanco, jerez o un oloroso, a gusto. Salteamos a fuego vivo para evaporar el alcohol y salamos, pimentamos y el resto de las especias (aquí debéis pensar antes si los restos tienen salsa o no y si ya traen especias: pa no aburrir, nomás!). Si está muy líquida, le ponemos una hoja de gelatina o dos, las ablandamos en una tacita de agua fría y escurrimos y la mezclamos con los ingredientes de la sartén. Dejamos enfriar una hora y al lío, la masa.

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REPULGAR

Cogemos las obleas, nos preparamos un vaso con agua al lado y disponemos espacio en una mesa de nuestra cocina donde esparcimos las doce obleas, con una cuchara ponemos en el centro un puñado de relleno (ver las fotos) y mojamos un dedo en el agua y lo pasamos por el borde de la oblea (esto es para que cuando cerremos la empanadilla, al estar húmeda se cierra mejor). Luego unimos los bordes y repulgamos. Esta palabrita un tanto cursi define perfectamente lo que hay que hacer, que es doblar el borde de la empanadilla con los dedos índice y pulgar, y repulgar, que hace referencia a que la siguiente doblez pisa un poco la primera. Y así, hasta llegar al final de la empanadilla que debe cerrarse correctamente para evitar que se caiga el líquido cuando la cocinemos.

Ahora que tenemos todas las empanadillas terminadas o las congelamos o las hacemos (si las dejamos mucho tiempo con algo húmedo dentro, se pueden estropear) y sobre el temita ese de hacerlas, dos opciones: al horno o fritas en mucho aceite. A mí me gustan al horno, se pintan con huevo batido y a 170º hasta que se doren, ¡hincharán! Y fritas, en abundante aceite caliente y vigilando para que no se abran también hincharán.

A disfrutar y como con las croquetas, abrid la mente y probad. Algún día hablaremos de mis preferidas, las empanadillas salteñas, una delicia.

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